Culiando en la cocina con mi prima de Antofagasta

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Cuando fui a Antofagasta a visitar a mi tía enferma no pensé que me recibirían tan bien. De manera literal mi prima me dio de comer todo lo que yo le pedía. Le pedí su concha y ella entre risas me decía: quizás otro día o que tan caliente estés. No podía irme sin meterle mi verga así que antes de partir la arrinconé en su cocina y le subí la falda, le bajé el calzón y la pusé en cuatro como un animal. Ella fingía resistirse pero no gritó ni se defendió. Solo atino a poner el candado a la puerta y acomodarse en el suelo.