Dominatrix de Coquimbo se mete un polvo en la cocina

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Ser una dominatrix en estos tiempos de hipocresía es algo que requiere mucho carácter. Lo bueno es que nunca le faltan admiradores que caen a sus pies, rendidos por su encanto y subyugados por su belleza. Cualquier lugar es adecuado para meterse un polvo cuando se tienen las ganas y el entusiasmo necesarios. Él se acomoda a sus requerimientos y se desvive por satisfacerla pues quiere ser su esclavo sexual disponible a todas horas y listo a cumplir todos sus caprichos. Claro que con esas tetas enormes y su largo cabello negro es un privilegio montarla y follarla, siempre que ella le otorgue tal honor.