La desfloré sin saber que era virgen hasta ese día

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En su casa, ahí sí aceptó a coger con todas las ganas del mundo, pero no sabía nada por eso yo la incliné y le dije que se dejara hacer lo que quería. Colaboró en todo momento, hasta para las cosas más bizarras y perversas. Cuando la comencé a penetrar lanzó un gran gemido con un chorro de sangre: eso sólo fue el comienzo de nuestra aventura. La había desflorado y ella no me avisó previamente de su situación. Había sido una chica de su casa, pero en pocos días se transformó en una mujer promiscua, de sexualidad libre y sin remilgos.