Negra quejumbrosa de Ovalle no acepta hacerlo en la calle

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Las negras son extrañas en la cama; estás se quejan mucho como si estuvieran vírgenes. El otro día me follé una negra con tetas del tamaño de melones y mientras se las aplastaba como plastilina pude notar que no dejaba de mirarme como sorprendida. Cuando me la culeaba me hablaba y hablaba de su dolor de espaldas y como no podía soportar más de dos horas de sexo anal. Claro que yo no resisto tanto pero escucharla contar esas historias pornográficas me ponía como un toro en celo y no podía pensar en otra cosa que no fuera sodomizarla sin piedad.