Semidiós en la cama y weon en la vida real

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De seguro en ese estado reflexivo pensó que era un dios del sexo. Sabía moverse y sabía meterla en todas las posiciones. Tenerlo en la cama era algo que no se veía todos los días. Pero coger con él era una cosa y tratarlo en la calle era otra. El pobre tipo era un triste weon que apenas si sabía expresarse. Y no era para menos pues la lengua que sabía usar tan bien en el ring de las cuatro perillas se transformaba en algo que barboteaba estupideces en cuanto intentaba entablar una conversación sobre cualquier tema banal. Era un verdadero boludo sin remedio.